La teoría de las teclas
La verdad es que no sé tocar el piano.
Y, sin embargo, esta mía teoría no nace de la música, sino de las personas.
Cada ser humano posee un sonido propio: una forma única de resonar, de aportar valor, de existir dentro de un conjunto. A lo largo de la vida nos cruzamos con personas que, de manera consciente o no, tocan nuestras teclas. Algunas lo hacen con precisión y sensibilidad y, gracias a ello, nos permiten alinearnos, crecer y expresar lo mejor de nosotros. Otras no saben cómo hacerlo y se encuentran en proceso de aprendizaje. Y luego están quienes, aun sabiendo, insisten en tocar la tecla equivocada.
Entonces aparece la sensación de no encajar, de desafinar, de ocupar un lugar que no permite desplegar el verdadero potencial. No porque el instrumento sea incorrecto, sino porque está siendo interpretado fuera de su tono natural.
Esta es la esencia de la teoría: por mucho que se intente forzar una armonía, si la tecla no es la adecuada, el sonido nunca será auténtico. Puede llegar a serlo, sí, pero en otra orquesta. Y comprender esto es un acto de lucidez, no de renuncia.
En ese punto se revela la verdadera magia, y también el arte de los Recursos Humanos: no en modificar a las personas, sino en saber leerlas, escucharlas y ubicarlas en el espacio donde puedan sonar con coherencia y sentido.
No sé tocar el piano.
Algún día aprenderé a hacerlo de verdad.
Mientras tanto, me dedico a tocar teclas silencias: a observar, a acompañar y a crear contextos donde cada persona pueda descubrir su sonido real y decidir, con conciencia, dónde quiere resonar.
— Silvia Zuin · HRBP Estratègic